domingo, 4 de agosto de 2013

Ellos



Ellos vendrán…
Sus pasos amortiguados por las horas,
para ocultar su llegada
Correrán sobre los manglares de la vida
invadiendo mi estructura,
aprisionándome con sus garras.

Intentarán seducirme.
ahogándome con sus palabras de viento,
entonces los tiempos se trastocarán,
las agujas girarán en sentido inverso
y ellos arbitrarán mis deseos
gravitándolos indefectiblemente,
con su desigual balanza de equidad.

Ellos vendrán, lo supe siempre,
con sus mensajes apocalípticos,
con sus ropajes raídos por el camino,
con ese frío invasor que los precede.

Llegarán trastocando mi vida,
transformándome sin yo quererlo,
sumándome a su ejército de desidia
hasta que caiga el minutero,
o quedaré tendida después de librar sus batallas
con mis espíritu desvariando por el esfuerzo.

Serán entonces otros los tiempos,
otras las vivencias,
otros los pensamientos,
pero el mundo seguirá su camino, con otros,
sin importarle al mundo, ni a los otros,
mis despojos.

María Magdalena Gabetta


Pintura: "Los que presienten" del pintor riotercerense Sergio Daniel Blatto

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Hijo de Dios



 

El viejo me mira sin verme,

el reloj mueve sus manecillas, ignorándome,
el almanaque se descuelga de la heladera
y el grillo me anuncia lo que acaecerá.

Yo, nací de mujer y hombre,
yo también, soy, hermano de aquél,
yo también soy hijo de Dios.

Diferentes métodos para un alumbramiento,
desde un pesebre, a una casa o departamento,
de las manos laboriosas de Pedro,
a las manos de un médico.

De un designio divino,
a una probeta.

Yo… también ….. soy hijo de Díos.

El sol se mueve hacia el horizonte,
mi vida se mueve hacia la luz que da el creer,
el niño se mueve en el vientre,
nuestras vidas buscan nacer.

La Navidad se acerca,
el Hijo de Dios está entre nosotros,
el espíritu se eleva y se hermana,
los ángeles nos iluminan,
el pobre nace y muere pobre,
el niño corre desolado entre las bombas,
el árbol y el pesebre brillan en un hogar.

Yo … también ….

Necesito de Dios

Yo también….
pido cada noche
transformar el agua en vino,
el dolor en alegría,
la muerte en vida.

Yo también,
camino por el desierto y ayuno
mientras la serpiente me incita al pecado
yo creo que….
Jesús es mi hermano, su mano en la mía,
me ayuda, me sostiene, me levanta.

Yo también, soy hijo de Dios. 

Yo también….. soy Navidad.


María Magdalena Gabetta

Pintura: "La Encarnación" de la pintora paraguaya Adriana Villagra

jueves, 15 de noviembre de 2012





Porque nunca olvidaremos - 3 y 24 de noviembre de 1995 - Río Tercero - Córdoba - Argentina 



Volverás noviembre con tus incongruencias
acarreando entre tus días
el vívido recuerdo del temor por lo fortuito;
lo que daña, lo que hiere, lo que mata,
lo que produce la despiadada corrupción.

Volverás noviembre una vez más,
a sacudir nuestros cimientos,
con tus jazmines florecidos
pero con tus sirenas del espanto,
tus limoneros plenos de azahares 
y tu temblor de pájaros en fuga,
prediciendo la horrorosa explosión.

¡Cuántas cosas noviembre! ¡Cuántas cosas!
La primavera burbujeando el aire,
y el luto inaugurado aunados en tu seno,
semejando una puesta en escena
de un cineasta delirante,
una mezcla injusta de alegría y dolor.

Volverás noviembre…
a reírte en mi rostro, sin vergüenzas,
a burlarte con ecos de lamentos,
con tus flashes de imágenes del horror.

Volverás noviembre …
a golpear en nuestras puertas,
a despertar nuestros recuerdos,
con tus estruendos pavorosos,
tu metralla asesina,
y yo no sabré noviembre si bendecirte o maldecirte
porque me diste la luz de tus jazmines, 
pero también ………
la odiosa cognición de la perversidad humana.

María Magdalena Gabetta 

Pintura: "Herida que no cierra"- Año 2009 -  de la pintora riotercerense Raquel Piedrabuena.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Allí



ALLÍ

Nadie te enseña nada.
Nadie te enseña a ser vaca.
Nadie te enseña a volar en el espanto.
Mataron a miles de compañeros y nadie te enseña
a hacerlos de nuevo.
¿Cómo hago,
cómo hago yo?
¿hay que romper la memoria para que se vacíe
como un vaso roto?
Me consuelo estúpidamente.
Miro navegar rostros en mi sangre y me digo
que no murieron aún.
Pero mueren aún
Y yo mismo, ¿qué hago mirando cada rostro?
¿Me muero en ellos cada vez?
En alguna telita del futuro habrán escrito /sus nombres.
Pero la verdad es que están muertos,
amortajados por la incomprensión.
Alzan sueños sin método
contra la vida chiquita.

Juan Gelman
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Juan me trajo el libro, tiene poesías de varios autores, leí algunos casi por obligación, sé que Juan lo hace para distraerme, para sacarme de la apatía en la que me encuentro inmersa, pero no vaya a creer que siempre estoy triste, hay cosas que me alegran aún, muchas. Gracias a Dios no he perdido la facultad de asombrarme ante la naturaleza ni me han dejado de conmover las risas de los niños o la ternura de las parejas enamoradas que veo pasar frente a mi jardín. Pero los recuerdos, ah, los recuerdos; cuando me invaden me sumen en esta apatía de la cual me cuesta tanto salir, entonces Juan hace todo lo que cree podría sacarme de ella, me lleva a pasear a la costa o me trae libros para distraerme, sabe que adoro los libros, como este libro de poesías que estuve ojeando desganada, hasta que de pronto leí ésta, esta misma que le muestro para que usted vea como ese hombre puede escribir lo mismo que mi alma siente, lo mismo que mis pensamientos traen constantemente a mí y que es sin lugar a dudas saber que algunas cosan ya no tienen retorno, que lo que tenía que ocurrir ocurrió. Porque es verdad lo que dice desde sus primeros versos, nadie nos enseña nada, nadie nos enseña a ser vaca, nadie nos enseña a no sucumbir al espanto ni nadie nos enseña que libertad es una palabra difícil de digerir para quienes no la practican.
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- Corré Mercedes, corré y saltá la tapia, corré mierda, no te quedés – Pablo me azuzaba como a un caballo y yo corría despavorida, la tapia parecía lejana y altísima, pero corrí, salté y seguí corriendo, después me di cuenta que Pablito me había levantado en el aire para que yo pudiera saltarla. Sola nunca lo hubiera logrado, pero él no saltó.

Corría y rezaba – padre nuestro, padre nuestro…. – carajo, no recordaba el padre nuestro – los disparos se escuchaban cercanos y los gritos también. – Corré Mercedes – mi hermano me lo había ordenado y yo corría ¿a dónde? ¿qué pasaba que ellos no corrían al lado mío? ¿dónde estaba Pablo? ¿dónde estaban todos?. Una puerta se abrió y un hombre me metió dentro de un empujón. Tengo miedo. – Callate pendeja, no grités, cállate que te vamos a ayudar- . Gente con cara de dormida, asustados ¿y Pablito? - pasá, pasá al fondo, saltá por esa ventana y rajá, olvidate que te ayudamos- y yo seguí corriendo.

- Señor, diosito, tengo diecisiete años y tengo miedo - corro y corro – Si nos descubren no vayas a casa, escondete en otro lugar, andá a esta dirección, te van a ayudar. La dirección, la dirección .... la olvidé - Mamá. papá, quiero volver a casa y no puedo, mamá tengo miedo. ¿dónde están todos?

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Ah los recuerdos, los recuerdos no me abandonan, aún veo sus rostros, sólo queríamos libertad, solo queríamos ir a la villa a ayudar a los más necesitados, queríamos ir a la universidad y discutir de política, hacer lo que hicieron nuestros abuelos y nuestros padres, recorrer el mundo cantando libertad, éramos unos locos soñadores y…… ¿le conté que yo tenía diecisiete y mi hermano veintitrés? Nunca lo volví a ver, nunca volví a ver a ninguno de ellos y cuando volví de la mano de Juan, otro fugitivo como yo que conocí en el destierro y que nunca me abandonó, los busqué por todas partes, veía sus rostros pero no eran ellos y …. ¿sabe qué? estoy segura que sus nombres no morirán, que en algún lado están escritos, no solamente en mis recuerdos.


María Magdalena Gabetta



Vuelvo a utilizar una pintura de la pintora riotercerense Raquel Piedrabuena "Te secaron, te destruyeron", que aunque ya la utilicé en Devorador Globalizado me pareció excelente para ilustrar este cuento.



lunes, 20 de agosto de 2012

Las Víctimas





No podía acallar las voces que martillaban mi cerebro.

- No tiembles, no temas, mantén la serenidad o él lo percibirá – decía una.
- ¡Idiota! ¿acaso crees que eso te salvará? – decía otra.
- ¡Ruega! ¡ruega por tu vida! – me aconsejaba una voz cobarde y lastimera.



Pero esas voces no lograban acallar las otras, las que no venían de mi interior; las de las otras víctimas, las de aquellas que ya habían sido sacrificadas.

Mis jóvenes amigas y hermanas enloquecidas de terror, revolcándose en sus propias heces, suplicando por sus vidas; asesinadas sin piedad.

- No rogaré – me decía –no rogaré - repetía, y sin embargo sabía que lo haría.

¿Cuánto tiempo hacía que estaba allí? ¿Cuántas horas, cuantas noches, cuantos días? Hacía mucho que había perdido las esperanzas de sobrevivir. Tenía la seguridad de no volver a ver la dulce expresión del rostro de mi madre.

El hombre nos había encerrado, clausurando cualquier vía de escape. Una a una nos fue inmolando quien sabe a qué oscuros dioses; gozaba con ello, gozaba asesinándonos.

No comíamos; cada tanto abría la puerta para arrojarnos pedazos de carne sanguinolentos; trozos de miembros de aquellas que ya había sacrificado. Preferíamos morir de inanición antes de alimentarnos de nuestras propias compañeras. El olor a sangre y a entrañas malolientes enrarecía el aire de nuestra prisión.

El olor de su odio también infectaba el ambiente ¡cuánto nos odiaba!

Algunas, las más pequeñas, ni siquiera intentaron defenderse cuando vino en su búsqueda, sólo se dejaron apresar, resignadas a su suerte, prefiriendo que todo terminara, que la pesadilla acabara.

Yo no, yo no quería morir así.

Intentamos mimetizarnos con las sombras del sótano. Fue en vano, él nos descubría y así nos fue matando.

- No se escondan mis niñas – decía – Papá las va a encontrar - y festejaba su ocurrencia con estruendosas carcajadas.

Pasado un tiempo, del grupo juguetón y bullanguero que equivocó su lugar de juegos, sólo yo sobrevivía.

Sabía que pronto vendría en mi búsqueda y cuando todo acabara, iría por más víctimas, lo sabía, nunca acabaría su necesidad de matar.

Por un instante sentí que la razón volvía a mí, entonces supe que debía hacer. …

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El sujeto abrió la pesada puerta del sótano e iluminándose con una linterna comenzó a bajar los escalones. Riéndose entre dientes se agachó e iluminó cada rincón en busca de su víctima, disfrutaba de lo que para él era el mejor momento, había esperado al final para sacrificar a la mejor, la más fuerte, una auténtica belleza, si así podía decirse.

De pronto, desde las sombras, surgió un chillido aterrador y el hombre cayó como un fardo al ser alcanzado en el cuello por una enorme rata que, con furia demencial, le hincó sus colmillos en la yugular hasta que una explosión de sangre los ahogó a los dos. 


María Magdalena Gabetta



Pintura: "Umbral" del pintor argentino Ariel Gulluni

domingo, 19 de agosto de 2012

Profecía de los Últimos Días




Me adelantaré al viento
para leer en sus giros
la profecía de los últimos días,
y conoceré la esencia misma del universo
para legarla a mi estirpe
y alimentarla de ella.

Serán quizás esos días
en que el devenir del tiempo
nos ofrecerá sus enigmas
en colmada bandeja
purificando a este mundo
en total decadencia.

Llegará ese día,
en que el último profeta
se siente en la mesa de sus profecías
alimentándose de la sabiduría
que hoy se nos niega.

Vendrán los antiguos y los venideros,
llegarán en saetas
que atraviesen los cielos
y en la tierra los hombres
hallarán su consuelo,
De la tierra venimos
y a la tierra volvemos.

Seremos entonces fraternales criaturas,
de la tierra y sus frutos nos alimentaremos,
se abrirán a los ojos
todos los arcanos liberando secretos,
nuestras almas habrán
por entonces pagado,
su fuego con fuego.

Dejaremos atrás los oscuros días,
en que destruimos lo que nos legaron.
seremos entonces, al fin de los tiempos,
más sabios y más justos,
creación divina que nutra de vida
a nuestro universo.

María Magdalena Gabetta

Pintura: "La que inicia el ascenso" del pintor riotercerense Sergio Blatto

lunes, 18 de junio de 2012

Despegando




Brinco en el aire, buscando
abandonar esta calidad mortal
a la que pertenezco,
inútil criatura que apenas puedo despegar
mis pies de este suelo que me atrapa
con sus tentáculos de humanidad.
que me aprisiona y me sostiene encadenada
a esta dureza mortal que me aterra.

Finalmente invento alas invisibles
y las adoso a mis pies emulando a Hermes,
para lograr agradar a los dioses
escuchar su voz y difundir sus mensajes,
en otros territorios libres,
llegando a oídos que escuchen,
a mentes que acepten,
incursionando en espacios que
me prohibieron
al declararme simple criatura terrenal.

Salto en el aire sin obstáculos,
intentando alcanzar el éter,
convertida en esencia regenerada ,
molécula vital, pura, divina,
despojada de mis límites naturales,
atravesando el espacio,
inhalando el viento,
desbordando el horizonte,
integrada a lo eterno.

María Magdalena Gabetta


Pintura: "El vuelo del Alma" de la pintora paraguaya, Adriana Villagra