
Como una máquina infernal
que devora nuestras células
nos atrapa la última tormenta.
En el instante en que los relámpagos
se desploman desde el cielo
en un despliegue fatal de los elementos,
me disuelvo tras las imágenes
que como una película se pasean
bajo la lluvia infecta.
En este aguacero radioactivo,
a la sombra de la pirámide
que marca el final de los tiempos
observo la fanfarria fúnebre
que condenados homos sapiens provocan,
esperando el instante impredecible
dónde los signos reviertan
la destrucción acaecida.
Me envuelven, con su caos apocalíptico,
los punzantes rayos de luz
que golpean la estructura de poder,
derribando sus pilares,
mientras la agonía de la muchedumbre
que se autoinmola sin remedio,
se disuelve en el caldero,
como carne de cóndores hirvientes
ofrendada a los dioses de la muerte.
María Magdalena Gabetta
que devora nuestras células
nos atrapa la última tormenta.
En el instante en que los relámpagos
se desploman desde el cielo
en un despliegue fatal de los elementos,
me disuelvo tras las imágenes
que como una película se pasean
bajo la lluvia infecta.
En este aguacero radioactivo,
a la sombra de la pirámide
que marca el final de los tiempos
observo la fanfarria fúnebre
que condenados homos sapiens provocan,
esperando el instante impredecible
dónde los signos reviertan
la destrucción acaecida.
Me envuelven, con su caos apocalíptico,
los punzantes rayos de luz
que golpean la estructura de poder,
derribando sus pilares,
mientras la agonía de la muchedumbre
que se autoinmola sin remedio,
se disuelve en el caldero,
como carne de cóndores hirvientes
ofrendada a los dioses de la muerte.
María Magdalena Gabetta
Pintura: "Los que emprenden la partida" del pintor riotercerense, Sergio Daniel Blatto
l