martes, 23 de noviembre de 2010

La negra (cuento a dos manos entre María Magdalena Gabetta y Glaudia Villafañe Correa)

Este cuento nació en el Foro de Cuentos Cortos con palabras obligatorias en la Página de los Cuentos, dónde escribí la primera parte y gracias a que me incentivó Claudia, lo continuamos entre las dos, es nuestro deseo que les agrade.








(María Magdalena):

El negro me mira con ganas, como que me desea desde que llegó a la plantación. No me importa mucho, esos negros salvajes no me dan miedo.

Yo hago sin chistar lo que la Ama me ordena y no ando como él, refunfuñando por los rincones, mascando su rabia desde que el Amo lo trajo del poblao, atado y con un lazo al cuello, como el animal que es.
La vieja Ama esta mañana me pidió que le ajustara fuerte el corset, sufre del "mal del riñón" y el "dotor" no quiere que esté sin ese aparato infernal ni un minuto del día.

Después que dejé a la vieja conforme, me fui pa' la cocina, pelé un par de cebollas y las puse en el caldero, mientras el negro malo me miraba relamiéndose. Por las dudas me guardé un cuchillo en el delantal, no juera a ser que ese "mandinga" quiera hacerle daño a esta pobre negra. No me va a agarrar descuidada, no señó.

--------------------------------------

(Claudia):

El ama fuma nerviosa, esos cigarros oscuros que le arma el negro nuevo. Dice que necesita el pasaporte para viajar al extranjero , se le nota la preocupación en la cara, para mí esto del viaje es un delirio de ricos, que no saben qué hacer con la plata, entonces compran más negros y más bocas para alimentar, porque aquí se vive mejor que en otras plantaciones.

-Ah, sí ama, se viene un chubasco, sacaré las macetas y entraré las gallinas.

Ella asiente con un grito por sobre el trueno y sale a la lluvia mojándose los pantalones de hombre que lleva puestos.

-¡Ama, ama. no se empape que se enferma!-

-¡Dejame!- dice con tono lacónico el ama al tiempo que la negra renguea tras ella por el patio embarrado.

------------------------------------------

(María Magdalena):

Por el camino lo vi venir, ni siguiera la lluvia intensa ni los pequeños riachos que corrían por el roquedal lo detenían, era el trashumante vendedor de baratijas, el que la Ama esperaba ansiosa, porque traía las últimas novedades de la moda citadina y la vieja no quería ser menos que sus encopetadas amigas de la gran ciudad.

Cuando llegaba a la altura del casco de la estancia, antes de bajar de su carretón, pegaba un grito fuerte y lanzaba una carcajada, ésa era su señal que había llegado. En su talega siempre traía algo para la negra y la negra le pagaba con lo único que tenía, su cuerpo.

El negro también lo vio y sus ojos brillaron como los de un centauro encolerizado. Sentí la maldición que por lo bajo escupía, pero otra vez decidí no darle importancia, cuando la Ama joven se retirase a descargar su furia en los brazos de su esposo y la anciana se adormeciese, harta de probarse menjunjes para el rostro y perfumes franceses, de revolver curiosa los cestos repletos de cintas de colores y preciosas telas; con el viajero nos esconderíamos en las caballerizas para entregarnos a los placeres de la carne; luego yo recibiría mi regalo y nos despediríamos sin un beso, hasta su próximo viaje.

Está bien que el hombre blanco tiene un cuerpo amorfo y grasiento, pero le he tomado un cierto cariño, además..... ¿Quién puede querer a una negra renga? sólo un vagabundo vendedor de ilusiones o un negro ladino y peligroso que espera el menor descuido para meterse entre mis piernas.

------------------------------------------------

(María Magdalena):

Hoy le llevé papel y tinta al Ama pa' que ella le escriba unas líneas al cura del poblao. Contra todo lo que pensaba, la vieja se apiadó de esta pobre negra y la va a mandar con el párroco, pa' que la escuenda y la proteja. El Ama sabe que los hombres de la casa se volverán locos cuando se enteren porqué el vientre me crece y que esas arcadas que me doblan entera, como si me brotaran sapos
desde el esófago, no son más que los signos de que no hubo ni emulsión ni sortilegio que impidieran que el viajante me dejara preñada. Entonces el negro malo o el amo me matarán y me tirarán pa’ que me coman los perros cimarrones que merodean la plantación.

Es de madrugada cuando el Ama me sube en el carromato que va a buscar vituallas al mercado, en una mano aprieto muy juerte la carta pa’l párroco y en la otra el pequeño topacio que en un momento de debilidad, ella me entregó por las dudas que algo más ocurriese.
Con esto podrás llegar a la ciudad si tenés que seguir viaje, me dijo y creo que estaba emocionada la vieja. Cuando me arrodillé agradecida pa’ besarle la mano, me pegó un empujón y se jue pa’ dentro.....

Cuando subía al carro me pareció ver una sombra que se
escondía en el granero, temblé pensando en el negro malo sin saber, vea usté, que el negro ahogaba con su puño un sollozo ronco que le nacía di dentro.

Cuando nos alejábamos, volví mi cabeza y por última vez miré la casona que había sido mi único hogar desde que mi madre me parió en ese mesmo granero, ¡Ay señó! que pena me dio.

-------------------------------------------------

(Claudia):

¡Ay ,que destino el mío, señó! Negra y pobre pa' tener una creatura. Todavía no se me nota la panza, pero el negro malo ya lo sabe, me vio devolver la comida en la vereda del rio, cuando fui a lavarme y me encaró feo, me dijo de todo ¡hasta que le gustaba! Me sentí mejor dentro de mi amargura, es lindo que a una la quieran más que para el revolcón. El negrazo me vio salir con sus ojos ladinos entornados, menos mal que la amita le dijo que pintara
el cieloraso de la galería.
Ella mesma me dio la nota p'al cura y además le llevo unas masitas que hice ayer, bien disimuladas en la canasta bajo las papas, por las dudas, no vaya a ser que en el camino me agarren otros peones alzados y hambientos. ¡Ay señó!-

-------------------------------------------------

(María Magdalena):

Aunque había imaginado en esas pocas horas que el viaje
podría ser una pesadilla, no nos cruzamos con los matreros, aunque en algunos momentos sentimos tiros y gritos a los lejos que hacían señó, que se me pararan los pelos de punta del miedo y que temblara como una novillita recién parida. Pero finalmente llegamos con bien a la capilla a la entrada del poblao y el cura me recibió con esa bondad que tienen los hombres de Dios pa' con los másnecesitaos y, en especial, en esta tierra bravía y montaraz, con los que nacimos esclavos del blanco.

El anciano párroco rápidamente me ingresó a su morada que distaba mucho de ser una casa lujosa como la que había abandonado un par de horas antes y me puso a cargo de una negra enorme y sonriente, Ña Ofelia, su ama de llaves, quien me envolvió entre sus brazos en un cálido apretón que me hizo recordar los pocos momentos de afecto que me había brindado mi madre, cuando podía dejar de lado la dureza de su carácter.

Ña Ofelia, con una agilidad que asombraba dado el volumen increíble de su cuerpo, bajó mis pocos bártulos del carruaje y le indicó al mayoral dónde estaban el agua y el heno para refrescar y alimentar la cabalgadura, dos agotados zainos, a los que había exigido al máximo para llegar antes que cantara el gallo al poblao.

Entonces señó, la negra pensó que no hay mal que por bien no venga, seguramente allí sería mejor tratada que en la Plantación y mi retoño nacería sin miedo al amo y yo viviría sin miedo al negro ladino.



-------------------------------------------------


(Claudia):

¡Nació y es hembra! Apenas tiene tres días, llora poco y nada, mi pobre hijita ¿qué destino le espera en esta tierra de puros hombres? El cura me trata muy bien, pero teme le pague con ingratitud y me escape ¡No señó! -le dije yo- este santuario es mi nueva casa, viviré con Dios, usted y Ña Ofelia. Ahora que nació la Francisca, quiero que ella tenga mejor vida que esta negra pobre y renga- El padrecito suspiró con alivio y yo me jui a la huerta a buscar la verdura, la vida se hace todos los dias, igual que la ensalada.-

-------------------------------------------------

(María Magdalena):

Mire usté señó, cuando ya la negra creía que todo estaba tranquilo, una noche Ña Ofelia volvió del galpón como alma que lleva el diablo, según dijo, en un talud que hay cerca del portón de entrada, había un tótem con ojos de demonio, tal cual le habían contado sus ancestros que había en estas tierras, cuando ellos arribaron de la hermosa África dónde habían sido robados para ser esclavizados.

La Ña entró persignándose, pero yo, como buena lechuguina que soy, me malicié que esos ojos endemoniados sólo podían ser de un negro ladino y disgraciado que con seguridad había seguido mis pasos.

Olvidándome que era una negra miedosa, me volví como loca pensando en la Francisca y me le jui como una leona que defiende sus cachorros a buscar a ese malnacido, a hacerle frente y rogando pa´dentro que las tentaciones de ese demonio no hicieran temblar mi decisión de echarlo como al malandrín que era.

Y vea usté señó, que el negro me estaba esperando, pero como no lo creí yo jamás ver, como un borreguito esperando a su amo; como un niño pescado haciendo travesuras y, con lágrimas en los ojos, me dijo, con un tinte de voz que no le conocía, si podía hacerse cargo de mí y de la creatura. Que al viajante lo habían matado en un entrevero y que él era un hombre dispuesto pa´cobijarnos bajo el ala. Y vea usté, ni yo me lo creía cuando me vi abrazándolo, riendo feliz, porque al final de cuentas, una tiene su corazoncito ¿vio?

Y así señó es como formamos esta familia, con la bendición del curita y con Ña Ofelia como madrina del casorio y después nos volvimos a la plantación hasta que la amita joven cuando murió el amo, nos libertó y nos dio unos pesos para comenzar nuestra vida en el poblao, hace muchos pero muchos años. Pero eso ya es otra historia señó.




Claudia y Magdalena







1er. Pintura: "Lavandera" de Laso


2da. Pintura: "La Negra Matea" (desconozco al autor - extraída de la red)



3er. Pintura: Desconozco el título y el autor - extraída de la red

7 comentarios:

Divinaluna dijo...

fue un gran placer escribir con alguien de tu talento Magdalena querida, un beso y mi admiración,. Claudia

maría magdalena gabetta dijo...

Para mí fue genial escribir con una de las mejores letras salteñas. Gracias Clau querida.

LIRIO dijo...

Magda:

Qué bonito es escribir a dúo. Lo he hecho alguna vez, y resulta sorprendente.
En este caso, lo que más me llamó la atención es la cultura, la ideosincracia, el modo venezolano que nos acercas.
Gracias!

Un abrazo

LIRIO dijo...

Gulp! Perdón, me refería a tu país. ¿Sabes de dónde procede mi confusión? Creo que se debe a tu amistad con nuestro querido amigo común venezolano, Alejo Urdaneta... de ahí que yo pensara erróneamente que tú también venías de ese país. Discúlpame, amiga! Al leer el Cuento, pensaba en alguna tierra americana que no era mi país exactamente. Y me pareció que podría ser Venezuela. No sé realmente hasta qué punto la presencia negra haya sido importante en Argentina.

Un beso

Seroma dijo...

buen texto y bien llevado... veo algunos pequeños saltitos que delatan que fue escrito a cuatro manos..... pero bueno... me gustó

julia del prado morales dijo...

Me gustó leer a ambas, precisión y arrojo en sus líneas, abrazos Julia

Judith Bascones dijo...

Caramba. Es realmente un tremedo escrito. Felicitaciones a ambas. Me encanto leerlas. judith