miércoles, 14 de noviembre de 2012

Allí



ALLÍ

Nadie te enseña nada.
Nadie te enseña a ser vaca.
Nadie te enseña a volar en el espanto.
Mataron a miles de compañeros y nadie te enseña
a hacerlos de nuevo.
¿Cómo hago,
cómo hago yo?
¿hay que romper la memoria para que se vacíe
como un vaso roto?
Me consuelo estúpidamente.
Miro navegar rostros en mi sangre y me digo
que no murieron aún.
Pero mueren aún
Y yo mismo, ¿qué hago mirando cada rostro?
¿Me muero en ellos cada vez?
En alguna telita del futuro habrán escrito /sus nombres.
Pero la verdad es que están muertos,
amortajados por la incomprensión.
Alzan sueños sin método
contra la vida chiquita.

Juan Gelman
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Juan me trajo el libro, tiene poesías de varios autores, leí algunos casi por obligación, sé que Juan lo hace para distraerme, para sacarme de la apatía en la que me encuentro inmersa, pero no vaya a creer que siempre estoy triste, hay cosas que me alegran aún, muchas. Gracias a Dios no he perdido la facultad de asombrarme ante la naturaleza ni me han dejado de conmover las risas de los niños o la ternura de las parejas enamoradas que veo pasar frente a mi jardín. Pero los recuerdos, ah, los recuerdos; cuando me invaden me sumen en esta apatía de la cual me cuesta tanto salir, entonces Juan hace todo lo que cree podría sacarme de ella, me lleva a pasear a la costa o me trae libros para distraerme, sabe que adoro los libros, como este libro de poesías que estuve ojeando desganada, hasta que de pronto leí ésta, esta misma que le muestro para que usted vea como ese hombre puede escribir lo mismo que mi alma siente, lo mismo que mis pensamientos traen constantemente a mí y que es sin lugar a dudas saber que algunas cosan ya no tienen retorno, que lo que tenía que ocurrir ocurrió. Porque es verdad lo que dice desde sus primeros versos, nadie nos enseña nada, nadie nos enseña a ser vaca, nadie nos enseña a no sucumbir al espanto ni nadie nos enseña que libertad es una palabra difícil de digerir para quienes no la practican.
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- Corré Mercedes, corré y saltá la tapia, corré mierda, no te quedés – Pablo me azuzaba como a un caballo y yo corría despavorida, la tapia parecía lejana y altísima, pero corrí, salté y seguí corriendo, después me di cuenta que Pablito me había levantado en el aire para que yo pudiera saltarla. Sola nunca lo hubiera logrado, pero él no saltó.

Corría y rezaba – padre nuestro, padre nuestro…. – carajo, no recordaba el padre nuestro – los disparos se escuchaban cercanos y los gritos también. – Corré Mercedes – mi hermano me lo había ordenado y yo corría ¿a dónde? ¿qué pasaba que ellos no corrían al lado mío? ¿dónde estaba Pablo? ¿dónde estaban todos?. Una puerta se abrió y un hombre me metió dentro de un empujón. Tengo miedo. – Callate pendeja, no grités, cállate que te vamos a ayudar- . Gente con cara de dormida, asustados ¿y Pablito? - pasá, pasá al fondo, saltá por esa ventana y rajá, olvidate que te ayudamos- y yo seguí corriendo.

- Señor, diosito, tengo diecisiete años y tengo miedo - corro y corro – Si nos descubren no vayas a casa, escondete en otro lugar, andá a esta dirección, te van a ayudar. La dirección, la dirección .... la olvidé - Mamá. papá, quiero volver a casa y no puedo, mamá tengo miedo. ¿dónde están todos?

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Ah los recuerdos, los recuerdos no me abandonan, aún veo sus rostros, sólo queríamos libertad, solo queríamos ir a la villa a ayudar a los más necesitados, queríamos ir a la universidad y discutir de política, hacer lo que hicieron nuestros abuelos y nuestros padres, recorrer el mundo cantando libertad, éramos unos locos soñadores y…… ¿le conté que yo tenía diecisiete y mi hermano veintitrés? Nunca lo volví a ver, nunca volví a ver a ninguno de ellos y cuando volví de la mano de Juan, otro fugitivo como yo que conocí en el destierro y que nunca me abandonó, los busqué por todas partes, veía sus rostros pero no eran ellos y …. ¿sabe qué? estoy segura que sus nombres no morirán, que en algún lado están escritos, no solamente en mis recuerdos.


María Magdalena Gabetta



Vuelvo a utilizar una pintura de la pintora riotercerense Raquel Piedrabuena "Te secaron, te destruyeron", que aunque ya la utilicé en Devorador Globalizado me pareció excelente para ilustrar este cuento.



lunes, 20 de agosto de 2012

Las Víctimas





No podía acallar las voces que martillaban mi cerebro.

- No tiembles, no temas, mantén la serenidad o él lo percibirá – decía una.
- ¡Idiota! ¿acaso crees que eso te salvará? – decía otra.
- ¡Ruega! ¡ruega por tu vida! – me aconsejaba una voz cobarde y lastimera.



Pero esas voces no lograban acallar las otras, las que no venían de mi interior; las de las otras víctimas, las de aquellas que ya habían sido sacrificadas.

Mis jóvenes amigas y hermanas enloquecidas de terror, revolcándose en sus propias heces, suplicando por sus vidas; asesinadas sin piedad.

- No rogaré – me decía –no rogaré - repetía, y sin embargo sabía que lo haría.

¿Cuánto tiempo hacía que estaba allí? ¿Cuántas horas, cuantas noches, cuantos días? Hacía mucho que había perdido las esperanzas de sobrevivir. Tenía la seguridad de no volver a ver la dulce expresión del rostro de mi madre.

El hombre nos había encerrado, clausurando cualquier vía de escape. Una a una nos fue inmolando quien sabe a qué oscuros dioses; gozaba con ello, gozaba asesinándonos.

No comíamos; cada tanto abría la puerta para arrojarnos pedazos de carne sanguinolentos; trozos de miembros de aquellas que ya había sacrificado. Preferíamos morir de inanición antes de alimentarnos de nuestras propias compañeras. El olor a sangre y a entrañas malolientes enrarecía el aire de nuestra prisión.

El olor de su odio también infectaba el ambiente ¡cuánto nos odiaba!

Algunas, las más pequeñas, ni siquiera intentaron defenderse cuando vino en su búsqueda, sólo se dejaron apresar, resignadas a su suerte, prefiriendo que todo terminara, que la pesadilla acabara.

Yo no, yo no quería morir así.

Intentamos mimetizarnos con las sombras del sótano. Fue en vano, él nos descubría y así nos fue matando.

- No se escondan mis niñas – decía – Papá las va a encontrar - y festejaba su ocurrencia con estruendosas carcajadas.

Pasado un tiempo, del grupo juguetón y bullanguero que equivocó su lugar de juegos, sólo yo sobrevivía.

Sabía que pronto vendría en mi búsqueda y cuando todo acabara, iría por más víctimas, lo sabía, nunca acabaría su necesidad de matar.

Por un instante sentí que la razón volvía a mí, entonces supe que debía hacer. …

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El sujeto abrió la pesada puerta del sótano e iluminándose con una linterna comenzó a bajar los escalones. Riéndose entre dientes se agachó e iluminó cada rincón en busca de su víctima, disfrutaba de lo que para él era el mejor momento, había esperado al final para sacrificar a la mejor, la más fuerte, una auténtica belleza, si así podía decirse.

De pronto, desde las sombras, surgió un chillido aterrador y el hombre cayó como un fardo al ser alcanzado en el cuello por una enorme rata que, con furia demencial, le hincó sus colmillos en la yugular hasta que una explosión de sangre los ahogó a los dos. 


María Magdalena Gabetta



Pintura: "Umbral" del pintor argentino Ariel Gulluni

domingo, 19 de agosto de 2012

Profecía de los Últimos Días




Me adelantaré al viento
para leer en sus giros
la profecía de los últimos días,
y conoceré la esencia misma del universo
para legarla a mi estirpe
y alimentarla de ella.

Serán quizás esos días
en que el devenir del tiempo
nos ofrecerá sus enigmas
en colmada bandeja
purificando a este mundo
en total decadencia.

Llegará ese día,
en que el último profeta
se siente en la mesa de sus profecías
alimentándose de la sabiduría
que hoy se nos niega.

Vendrán los antiguos y los venideros,
llegarán en saetas
que atraviesen los cielos
y en la tierra los hombres
hallarán su consuelo,
De la tierra venimos
y a la tierra volvemos.

Seremos entonces fraternales criaturas,
de la tierra y sus frutos nos alimentaremos,
se abrirán a los ojos
todos los arcanos liberando secretos,
nuestras almas habrán
por entonces pagado,
su fuego con fuego.

Dejaremos atrás los oscuros días,
en que destruimos lo que nos legaron.
seremos entonces, al fin de los tiempos,
más sabios y más justos,
creación divina que nutra de vida
a nuestro universo.

María Magdalena Gabetta

Pintura: "La que inicia el ascenso" del pintor riotercerense Sergio Blatto

lunes, 18 de junio de 2012

Despegando




Brinco en el aire, buscando
abandonar esta calidad mortal
a la que pertenezco,
inútil criatura que apenas puedo despegar
mis pies de este suelo que me atrapa
con sus tentáculos de humanidad.
que me aprisiona y me sostiene encadenada
a esta dureza mortal que me aterra.

Finalmente invento alas invisibles
y las adoso a mis pies emulando a Hermes,
para lograr agradar a los dioses
escuchar su voz y difundir sus mensajes,
en otros territorios libres,
llegando a oídos que escuchen,
a mentes que acepten,
incursionando en espacios que
me prohibieron
al declararme simple criatura terrenal.

Salto en el aire sin obstáculos,
intentando alcanzar el éter,
convertida en esencia regenerada ,
molécula vital, pura, divina,
despojada de mis límites naturales,
atravesando el espacio,
inhalando el viento,
desbordando el horizonte,
integrada a lo eterno.

María Magdalena Gabetta


Pintura: "El vuelo del Alma" de la pintora paraguaya, Adriana Villagra

sábado, 26 de mayo de 2012



Mi agradecimiento a la Red Escritores Coquimbo

domingo, 20 de mayo de 2012

Aguas de Vida




Envuelta en la bruna incierta
de estos días que suman en sentido inverso,
recogí del viento el suspiro de un ave,
la alegría cantarina del agua,
y el susurro amoroso de los sauces,
recostados enamorados sobre el río,
intentando sumergirse en su corriente,
para viajar alejados de sus raíces,
que los mantienen aferrados a la tierra,
añorando distancias.

Me reflejé en el río,
que me mostró un par de ojos de mirada inquieta,
de párpados pesados por los años,
hartos de restar sueños y sumar ausencias.

Me reconocí mujer madura, mujer urbana,
innegable figura del día más día,
arrugas de alegría marcando los labios,
de tristezas, bordando los ojos.

Y me sentí sauce…
enraizada a mi tierra,
enamorada del río,
añorando distancias.

Me acarició el viento…
envolviéndome con sus giros,
despegándome de la tierra,
y partieron mis letras,
por corrientes de sueños
empapado mi ramaje,
en aguas de vida.


María Magdalena Gabetta

Pintura: "El Sueño de la Ola" de la pintora, poeta y escritora mexicana Liz Hentschel

jueves, 17 de mayo de 2012

Palotes y Círculos



Mi vida crece como las ramas
de este acogedor árbol en el cual
voy grabando con un punzón cada día,
dibujando palotes, corazones, círculos,
nombres, recuerdos de instantes vividos,
cantidad interminable de ellos,
suma de palotes que son días blancos,
o círculos sin salida, sellando días negros.


Los instantes vividos,
cambian de intensidad cromática
a medida que asciendo.
Pero cada día, cada instante, cada nombre
independientemente de su color primario,
despojados de su forma,
son componentes necesarios
de mi terrenal historia.

Mi altura crece cada vez que mi mano se acerca
a la copa de este árbol camarada,
de esta pizarra enraizada que me permite
ir sellando mi existencia sobre su corteza .

Mi tiempo se disipa a medida que asciendo,
mi crecer tiene como límite la punta de sus ramas,
allí reposaré unos instantes y me concebiré ave
adosándome alas para continuar el camino.

Abandonaré mis raíces, al iniciar ese vuelo.
perdurarán en el tronco mis días grabados,
con sus palotes en blanco.
Con sus círculos negros.
Con sus instantes y nombres
convertidos en tiempo,
cuando abandone mi árbol
y sea sólo recuerdo.

María Magdalena Gabetta


Pintura: "El árbol" del pintor colombiano, Fernando Botero
(extraído de la web)